viernes, 6 de junio de 2014

Carta a la Selección

 En el preciso momento en que escribo estas líneas, faltan 6 días, 5 horas y 17 minutos para el comienzo de la copa del mundo. Ustedes en Ezeiza. Yo aquí sentado, frente a una computadora, esperando con ansias el día del debut. Ese día en que ustedes, 23 gladiadores, me van a representar a mí y a tantos otro, defendiendo los colores de la tierra en que nací. Sí, ustedes. Soldados firmes de un sueño nacional. Actores principales de la cruzada más épica de la historia del fútbol. Si lo lograron nuestros vecinos, si ellos pudieron ¿Por qué nosotros no vamos a poder? Los morochos tienen la presión, son locales. Los celestes ya lo hicieron una vez, dos no. Nosotros los tenemos a ustedes y ustedes a nosotros. Tenemos al mejor del mundo. Y tenemos algo que nadie tiene, esa pasión inexplicable por el fútbol corriendo por nuestras venas.
 Se dijeron, se dicen y se dirán muchas boludeces, pero ¿A quién le importa? Ellos, los que hablan, no entienden de fútbol. Y si no quieren creer en ustedes, que no lo hagan, se equivocan. Yo creo. Creo la inteligencia de un cuerpo técnico que sabe laburar, creo en las ganas de 23 jugadores que buscan la gloria, creo en su capacidad, en la garra, en que sobrara actitud. Creo en todo eso y mas. Creo en ustedes.
 A diferencia de muchos, no les pido que vuelvan con la copa. Sé que es difícil, sé que es duro. No salir campeón no necesariamente es fracasar. Fracasar es otra cosa. Es achicarse, tener miedo, arrugar, volver sin haber dejado todo. Entonces yo les pido un poco más. Ese famoso 110% de Pachorra. Me tomo hoy, a través de esta carta, el atrevimiento de pedirles que dejen la vida dentro y fuera de la cancha por estos colores; que cuando vayan a correr una pelota, lo hagan como la sangre celeste y blanca que les corre por dentro; que cuando traben una pelota no lo hagan con toda sus fuerzas, sino con la de 40 millones de argentinos, porque vamos a estar con ustedes. Estaremos en oficinas, bares, restaurantes, casas, colectivos, el tren, el subte, las fábricas, en la calle. A lo largo y a lo ancho de un país entero. Estaremos mordiendo nuestras uñas, apretando los puños, crujiendo los dientes, protestando en cada falta, enloqueciendo en cada jugada, gritando en cada gol. Llorando en cada desgracia y exaltados de felicidad en cada acierto. Como sea, donde sea, pero no vamos a faltar. Estamos con ustedes ¡Vamos Argentina!

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